Los antiguos griegos tenían una costumbre digna de mención: a los que hubieran perecido quemados, a los que hubieran sido decorados por los cráteres de los volcanes, a los que hubiesen sido enterrados por la lava, a los que las fieras hubieren despedazado o se los hubieran engullido los tiburones, a los que se hubieran repartido los buitres en el desiertos, se les construía en si patria los llamados cenotafios, las tumbas vacías, porque él cuerpo es el fuego, el agua o la tierra, pero él alma es el alfa y él omega, a ella es a quien hay que construir el santuario.
Danilo Kiš - Una Tumba para Boris Dadidovich.
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