Estaba convencido de que podía escribir un cuento sobre cualquier cosa. Había descubierto (y tomado certeras notas sobre ello) que los mejores cuentos, y aún las mejores novelas, están basadas en hechos triviales, en acontecimientos cotídianos y sin importancia aparente. El estilo, cierta gracia para hacer resaltar los detalles, lo era todo. La obra superaba a la materia. No cabía duda, el mejor escritor era el que de un asunto baladí hacía una obra maestra, un objeto de arte perdrable. «El escritor -dijo una tarde en el café- que más se parece a Dios, el más grande creador, es don Juan Valera: No dice absolutamente nada. De esa nada ha creado una docena de libros.» Lo había dicho por casualidad, casi sin sentirlo. Pero esta frase hizo reía a sus amigos y confirmó con ella su fama de ingenioso.
Augusto Monterroso - Obras Completas (y otros cuentos).


