miércoles, 22 de febrero de 2012

DXVII. Chabon.

Landsman siente curiosidad, hasta se siente conmovido. Una amistad que cruza las fronteras entre sectas no es un fenómeno común, por lo que él sabe. En el pasado se ha llevado la impresión de que, aparte de los homosexuales, solamente los ajedrecitas han encontrado una forma fiable de salvar, intensamente pero sin violencia fatal, el abismo que separa a dos hombres cualesquiera.

Michael Chabon - El Sindicato de la Policía Yiddish

1 comentario:

g. dijo...

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El Sindicato de la Policía Yiddish es un típico libro de género. Es un pulp-policial, con elementos de distopía.
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En algún otro blog había leído una crítica muy mala de este libro. Yo ya lo había leído y me había gustado. Así que estoy en contra de esa crítica muy mala.
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En otro punto soy afín a los libros policiales. Más si tiene algo de distopía y, mucho más, si tiene algo de ajedrez.
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A veces las cosas que me obsecionan momentariamente se me aparecen por todos lados, en esa época, en la que leía este libro, estaba muy metido en "historias" de ajedrez. Y acá juega un factor importante.
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A ver, los judios no pudieron fundar Israel, por lo tanto luego de la Segunda Guerra Mundial (Bomba atómica en Berlin en el 46 incluida), son recolocados, con un status especial, en Sitka, en Alaska. Cuando trascurre la novela, ese status está por llegar al fin y están medio en el limbo. Pero nada de esto es esencial, es importante, pero no escencial.
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El caso es que un tipo aparece muerto en el hotel donde está viviendo Landsman, que es un detective que las cosas le están saliendo mal /maliendo sal/, y se obseciona con ese caso. Más que nada porque era vecino y bla bla, pero en realidad, porque es un buen tipo, digamos, y los buenos tipos cuando encuentran un asesinato tiene que solucionarlo (¿Cuántos buenos tipos de este tipo hay en nuestra policía?).
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Bueno, de ahí se empieza a meter en historias (Que son más grande que él, que tienen que ver con la recolocación, con el pasado, con el destino judio, digamos, y varias cosas así).
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Es un relato policial, que sigue ese caso, hasta las últimas concecuencias, que abre varias otras historias (Que deja abiertas, una a mi me pareció raro que quedé abierta), pero al ser relato policial, está bien que eso pase. Porque en un policial lo que importa es el caso. Hay que ponerse ojeras e ir para adelante tipo caballo de botellero (Algo que a mi no me saldría).
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Me gustó el mundo, la infrahistoria, digamos. Me gustó también el caso, era interesante, con judios ortodoxos incluidos. Los personajes, bien, algunos más que otros. Me gusta la nieve. Debería haber mucha nieve. El paisaje me lo hacía como en Fargo. Y había ajedrez. Algo de espionaje.
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Otra cosa, es que yo lo leí en castellano, el idioma en que lo escribió Chabon es en inglés, pero la historia está contada en yiddish. O sea, todos hablan yiddish, porque son judios, y europeos, y no hubo estado de Israel que dijo; ahora hablamos hebreo (que supongo que hablaran hebreo en Sitka cuando van a la sinagoga, si es que van, Landsman seguro que no, no cree).
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Si queres un policial, está bien, si no querés un policial, no está bien. Pero yo siempre quiero policiales, así que está bien. (risas).
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