jueves, 16 de julio de 2009

CLXXXIII. García Lorca.

Callar y quemarse es el castigo más grande que nos podemos echar encima ¿De qué me sirvió a mí el orgullo y el no mirarte y dejarte despierta noches y noches? ¡De nada! ¿Sirvió para echarme fuego encima? Porque tú crees que el tiempo cura y que las paredes tapan y no es verdad, no es verdad. ¿Cuándo las cosas llegan a los centros no hay que las arranquen!

Federico García Lorca - Bodas de Sangre.

5 comentarios:

g. dijo...

Me voy tras los pasos del poeta...
Así me dijo ella mientras estaba en el estribo del andén, así me dijo ella mientras saludaba con un pañuelo blanco que volaba con el viento.
Las palabras retumbaron mientras ella se alejaba, con medio cuerpo afuera. Su pelo convulso, sus anteojos tapaban su mirada, su sonrisa sobre mi pecho y su amor encima del mío.
Ella se alejaba en busca del poeta, a quien encontraría luego de ver los molinos, destructores de ilusiones quijotezcas y puestos en las tierras bajas de holanda.
A por Granada, la había escuchado yo la noche anterior cuando golpeaba su pinta de cerveza contra la madera de la mesa. A por Granada sonaba todavía en mi mente mientras me preguntaba, ¿Cuál es el castigo más grande que nos podemos echar encima?

Terapia de piso dijo...

Esa idea de que el tiempo y la distancia curan está sobrevalorada.

Saludos G.

José Roberto Coppola

Eclipse dijo...

hacía tiempo no te leía en un comentario sobre la cita tan lindo
y me remitiré a este (aunque en realidad sin la cita no sería del todo)
es muy lindo, la brevedad también te queda muy bien a vos, che, cuando hacés estas cosas.
es hasta poético y la forma relacional de todo... me gustó, me dejó con ganas de leerte más así.
besos muchos.

La Maga dijo...

Cuál es el castigo más grande que nos podemos echar encima?, el orgullo? el silencio?.... increible la profundidad de estas palabras, todo sería tan distinto si los seres humanos aprendieramos a ver...
Te dejo un abrazo en la distancia, me alegró tu visita.
Tus letras siguen sumando a nuestras vidas, gracias!

Laura dijo...

Las paredes no tapan, eso desde luego. Y el tiempo, lo que logra es dejarte unas cicatrices encima que jamás se borran. Las marcas de la vida. En fin..

Un saludo.