sábado, 13 de diciembre de 2008

LXXI. Barthes

Se podría imaginar una tipología de los placeres de lectura - o de los lectores del placer - (...). El fetichista acordaría con el texto cortado, con la parcelación de las citas, de las fórmulas, de los estereotipos, con el placer de las palabras. El obsesivo obtendría la voluptuosidad de la letra, de los lenguajes segundos, excéntricos, de los metalenguajes (...). El paranoico consumiría o produciría textos sofisticados, historias desarrolladas como razonamientos, construcciones propuestas como juegos, como exigencias secretas. En cuenta al histérico (tan contrario al obsesivo), sería aquel que toma al texto por moneda constante y sonante, que entra en la comedia sin fondo, sin verdad, del lenguaje, aquel que no es el sujeto de ninguna mirada crítica y se arroja a tráves del texto (que es una cosa totalmente distinta a proyectarse en él).

Roland Barthes - El placer del texto.

6 comentarios:

g. dijo...

Soy el lector fetichista.
Acá están mis citas, ante ustedes. Sólo algunas, una muestra.

Me encuentro mirando la poca luz que entra por mi ventana, lo negro de la noche se mezcla con lo hermoso de la brisa, fría y liviana. Se mezcla con mi sentimiento de soledad y melancolía en una noche de viernes por la madrugada, en realidad, ya sábado. Sábado donde antes el fin de semana era final de semana y ahora es solamente otro día más, en el que hay que trabajar y a la noche me va a faltar algo más que siempre hubo.
Y, veo, vi Banfield desde un octavo piso de un esqueleto de un edificio. Y fui feliz. Mirando desde los cielos de un edificio sin paredes, solamente un esqueleto que será rebocado con ladrillos y ventanas. El viento entraba por los cuatro costados. Y los árboles, la cantidad de árboles que se ven desde el cielo. Banfield, cuidad de casas bajas, hermosa cuidad, mi ciudad. Banfield es lindo, Banfield me cuidad, me acuna con sus calles adoquinadas y sus sombras matutinas. Calles debajo de arcadas que forman las ramas de los árboles.
Y desde el cielo se ve todo el mundo. Se ve la torre de Interama. Se ven todos los edificios hasta Lomas de Zamora. Llegue a ver los edificios cercanos a la estación de Temperley. Llegue a ver a Quilmes y sus nubes de humos. Vi toda la zona de Avellaneda y la parte sur de la ciudad de Buenos Aires. La iglesia Sagrada Familia me daba la hora, mientras su solitaria campanada decía que eran y media, yo absorto mirando a lo lejos, mirando lo más lejos que mis ojos pudieran ver. Intentando verte, intentando encontrarte en las caricias que me faltan en el amor que me es ajeno.
Y las calles de Banfield me citan porque soy fetichista y obsesivo. En las calles de Banfield y Lomas de Zamora todas las mañanas veo algún ángel del que me enamoro en unos instantes. Será por su escote, sus ojos o su pantalón ajustado. O su sonrisa, su pasión o su aroma. Será por algo, pero por un instante me enamoro de ese ángel que pasa cerca mío, del cual pienso que lee mientras intento leerla. Y desisto; porque siempre pienso que no me llamará la atención, no tiene alas. Necesito a algún ángel con alas. Ella tenía alas, otras mujeres tienen alas. Luego veo que todos los angeles que veo en la tierra sólo tienen figura angelical, tal vez un buen escote, un buen contoneo, una buena cola o unos ojos para perderse en ellos y jamás volver.
Y me pregunto, intentando leerme a mí mismo, ¿yo qué quiero? Y me respondo que no sé, que las ideas se me fueron cuando ella me dejo solo con mi amor y mi flor en la mano. Porque el objeto de cariño puede irse con un suspiro, puede irse como si nosotros soplaramos una pluma de nuestra mano... Pero el amor (Esa palabra) tarda más en irse, tarda más en purgarse, o tal vez, nunca se purge pero lo podamos suplantar con diferentes amores o aromas.
Mientras tanto, luego entro a leer, y encuentro que algunos ángeles también me dejan mensajes cariñosos, como mimos al alma. Y me enamoro un segundo y muestro mi reina y sé cuando los chicos sean chicos y las madres sean madrastas de lo viejo y esto es una invención, una invención de yo mismo.
Y... Soy lector fetichista y lector obsesivo.
Y por suerte, desaparezco como anti-heroe, porque también escribo. Y no sé qué soy, si lector o escibiente.

Floretta dijo...

somos fetichistas.
y obsesivos también, pero yo no tanto en la lectura... he heredado otras obsesiones y he ganado yo algunas otras.

si hubieras escuchado la canción que subí hubiera combinado perfectamente con los grillos y con tu texto creo que también.

saludos

Emilia dijo...

soy fetichista, paranoica e histérica... hmm.

eso es bueno?

Como vos dijiste que me notás positiva, me respondo: ¡Sí, es bueno!

Es verdad sr. Estoy pasando una racha de positividad espantosa y altamente recomendable.

Se siente bien. Si querés te contagio un poco...

Besoo

:)

Lolita dijo...

Somos todos fetichistas, entre muchas otras cosas.
Y sos escritor, muy bueno por cierto y lector, para ser escritor. primero hay que leer y mucho.
con respecto a mi texto, diste en el puto clavo, jah.
un beso che.

Eclipse dijo...

ya te dije todo en la charla, así que resumo mi comentario:
estoy entre el fetichista y el obsesivo, seré un poco de los dos, peeero... no sé si coincido del todo con esa clasificación, in spite of todo el respeto que le tengo a Barthes.
Y como esto se trata de citas, me recordaste a aquel poema de Girondo en el que decía:
"Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!"
besos, mister yi, me atrasé en la lectura del blog así que seguiré comentado

*Dayán Lorank* dijo...

¿Cuál ser?