Y después de hacer todo lo que hacen, se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se peinan, se visten, y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son.
No eres como los demás. Y he visto a muchos, y los conozco. Cuando hablo, tú me miras. Anoche, cuando dije algo acerca de la luna, tú miraste hacia la luna. Los demás nunca harían algo así. Los demás me dejarían hablando sola o me amenazarían. Ahora nadie tiene tiempo para nadie. Tú eres uno de los pocos que me soportan, Por eso pienso que es muy extraño que seas un bombero, me parece que no es lo apropiado para ti.
Qu'est notre insomnie, sinon l'obstination maniaque de notre intelligence à manufacturer des pensées, des suites de raisonnements, des syllogismes et des définitions bien à elle, son refus d'abdiquer en faveur de la divine stupidité des yeux clos ou de la sage folie des songes? L'homme qui ne dort pas [...] se refuse plus ou moins consciemment à faire confiance au flot des choses.
I'll be fine I'll be waiting patiently Till you see the signs And come running to my open arms When will you realize Do we have to wait 'till our worlds collide Open up your eyes You can't turn back the tide
...observar con un poco de aprensión el número de páginas, la vastedad de los capítulos, después entrar en ellos: un poco reticente al principio, sin ganas de hacer el primer esfuerzo de recordar los nombres, de seguir el hilo de la historia, después confiar en ellos, deslizándose por los renglones, atravesando el enrejado de la página uniforme, y más allá de los caracteres de plomo aparecía entonces la llama y el fuego de la batalla y la bala silbando en el cielo...
Que Dios perdone a la gente de este pueblo porque yo no puedo. Cuando me caí muerto en la calle hace tres semanas pensé que me enterrarían con pompa. Una ceremonia oficial era lo menos con los Jefes de Gobierno y la Nobleza en el séquito. Incluso esperaba ansioso la oración funebre en irlandés con algunas palabras sobre mis logros pasados: Nuestro mayor poeta, un sitio en el cielo para el hombre y cuánto más hubiera merecido.
¿Pero lo tuve acaso? Mi cuerpo estuvo tirado en Baggot Street una quincena antes de que alguien lo notara. Y cuando finalmente fue llevado a la morgue fui profanado por un estudiante de medicina incapaz de abrir un paquete de papas fritas mucho menos el cuerpo de vuestro mayor poeta. Después, para añadir indignidad fui metido en un nicho refrigerado y algún tarado pegó una etiqueta en mi pie que decía: bardo desconocido - probablemente extranjero.
Si no hubiera sido por un borracho de Cork que pensó que yo era su hermano muerto todavía estaría allí sin reclamar. Al menos el hombre tuvo la decencia de enterrarme. ¿Pero dónde estoy? En algún cementerio común en un cajón rodeado de campesions y gente sin ningún antecendente. Cuando pienso en los poemas que escribí y en las grandes profecías que hice me dan ganas de ahogarme.
No puedo escribir ahora porque el ataúd es demasaiado estrecho y no hay luz. Estoy tratando de mandar esto a través de un medium pero ya sabe cómo son - bastardos que golpean la mesa apestando a ectoplasma. Si se arregla para recibir esto me alegraría que lo publique. No tiene caso pedirle que me mande un ejemplar - ni siquiera conozco mi dirección.
- Sí, los que hicieron que en las últimas décadas acá la única forma de que te den bola, de legitimar tus reclamos, es conseguirte algún muerto que te avale. Parece que si no tenés algún muerto no podés ni salir a la calle. Desde las chicas del interior asesinadas por los nenes de papá hasta los chorros que baja la cana, pasando por los piqueteros muertos, los periodistas incinerados, los nenes de papá secuestrados, todos, todos. El muerto es la gran cocarda actual: la etiqueta de leatad comercial, el sello habilitante. - Eso es plantear la cuestión, como solés, de la manera más conchuda. Podrías describir lo mismo diciendo que costó, pero que por fin la socidedad argentina, se dicidió a no permitir que nos sigan matando impunemente. - Es otra cuestión, Juan, y me parece que si la empezamos vamos a terminar muy mal. En cualquier caso, esa potencia de los muertos es el resultado de la política de los derechos humanos, de los deudos. La idea de que ser victima te legitima era tan fuerte que no podían romper con ella matando a un verdugo, convirtiéndolo en víctima. Digo: legitimándolo. Ése es el punto: si matás a un verdugo perdés tu condición de víctima, te volvés verdugo vos también. Y ser víctima es mucho más rentable.
Cierro el móvil y abro el libro y los libros nunca se descargan, los libros siempre funcionan, los libros están tan dispuestos a ser leídos... Máquinas unplugged que se conectan instantáneamente a nuestros cerebros y nos poseen y nos invaden. Tal vez, ahora que lo pienso, los libros sean organismos extraterrestres. Seres que nos abducen y nos llevan a otros mundos, a mundos mejores, a mundos tanto mejor escritos que el nuestro.
Por eso, ahora puedo decir tranquilamente que, entre la vida y los libros, me quedo con éstos, que me ayudan a entenderla. La literatura me ha permitido siempre comprender la vida. pero precisamente por eso me deja fuera de ella. Lo digo en serio: está bien así.
De todas formas, e independientemente del ritmo, la suerte nos recompensaba, porque cuando se buscan conexiones se acaba encontrándolas por todas partes y entre cualquier cosa, el mundo estalla en una red, un torbellino de parentescos en el que todo remite a todo, y todo explica todo...
En una de las pruebas, el entrevistador daba a cada candidato una hoja de papel en blanco y le pedía que la estudiase y describiese exactamente lo que veía. No había ninguna resputa correcta a este tipo de pruebas, porque estaba destinada a forzar la asociasión libre, para ver hacia dónde se dirigía el pensamiento del candidato. El piloto experto en pruebas sabía que lo principal era mantenerse en tierra firme y no lanzarse a nadar. Tal como explicaron con cierta fruición más tarde en la residencia, unos cuantos estudiaron la hoja de papel en blanco y luego miraron al entrevistador a los ojos y le dijeron: «Lo único que veo es una hoja de papel en blanco.» Esto no era una respuesta correcta, pues los comecocos porbablemente anotasen «capacidad imaginativa inhibida» o alguna tontería por el estilo, pero tampobo te creaba problemas. Un tipo dijo: «Veo un campo de nieve.» En fin eso podía pasar, siempre que no fueses más lejos... siempre que no empezases a hablar de morir congelado o perderte en la nieve, tropezar con osos o algo parecido. Pero Conrad... en fin, el tipo está sentado al otro lado de la mesa, frente a Conrad, y le da la hoja en blanco y le pide que la estudie y le explique lo que ve. Conrad mira la hoja y luega mira al tipo y dice en tono receloso, como si temese un truco: - Pero está al revés.
Puedo pasar semanas y más semanas viviendo aterrorizado por culpa de la provlivida de esas chicas inclinadas al matrimonio a arrojarse a las vías del metro, pero no puedo, me es sencillamente imposible, no lo haré, eso de olbilgarme por contrato a dormir con una sola mujer durante el resto de mis días. Figúrese: suponga que voy y me caso con A, con sus dulces tetas, etcétera, ¿qué ocurrirá cuando aparezca B, que las tiene todavía mas dulces -o, en todo caso, más nuevas? O cuando aparezca C, que menea el culo de un modo especial, nunca por mí experimentado antes; o D, o E, o F. Estoy tratando de ser franco con usted, doctor, porque, tratándose de sexo, la imaginación humana se pone fácilmente en Z, y aún más allá. ¡Tetas y coños y piernas y labios y bocas y lenguas y ojetes del culo! ¿Cómo voy a renunciar a lo que aún no ha sido mío, dado que toda chica, por deliciosa y provocativa que alguna vez haya podido parecerme, acabará resultándome más familiar que una barra de pan, y eso no hay quien lo evite. ¿Por amor, tendría que renunciar? ¿Qué amor? ¿Es amor lo que une a todas esas parejas que conocemos, las que se toma la molestaia de unirse? ¿No será más bien la debilidad? ¿No serán mas bien la comodidad y la apatía y la culpa?
- Y a esto le llaman democracia -comenté. Miró hacia atrás y luego escupió y apoyó la mano sobre el marco de la ventanilla del coche. - Quizá usted no sea el único -dijo-. Conocí a un tipo que pertenecía al John Reed Club. Eso era en Boyle Heights. - Tovarich -contesté. - El problema de las revoluciones -filosofó- es que caen en malas manos. - De acuerdo -asentí. - Por otra parte -continuó-, ¿podría haberlas peores que las de los monigotes con billetes que viven aquí?
El mayor sueño del escritor consiste en convertir al lector en espectador; ¿lo consigue alguna vez? Los pálidos organismos de los héroes literarios que se alimentan bajo la supervisión del autor, se hinchan poco a poco con la sangre vital del lector, de modo que la genialidad del escritor consiste en otorgarles la facultad de adaptarse a esa -no muy apetitosa- comida y a medrar con ella, a veces durante siglos.
Ahora soy poeta y busco lo extraordinario para decirlo con palabras comunes y corrientes. ¿Tú crees que existen palabras comunes y corrientes? Yo creo que sí, decía Jim.
Carmody lanzó una maldición y sumó nerviosamente la bocina de su coche al coro de bocinas que, como un lamento y un reclamo, se elevaba en un amplio radio -apenas una descarga nerviosa por completo inútil, ya que no atudaba a desatascar la aglomeración y, por otra parte, el sistema nervioso era realimentado nuevamente en sus tensiones con una carga aun más potente, al comprobar que la situación seguía incambiada y al recibir la descarga agresiva de todos los otros conductores.
"(...) Are you sure you want to live like common people, you want to see whatever common people see, you want to sleep with common people, you want to sleep with common people, like me." But she didn't understand, she just smiled and held my hand.
El sueño administrativo de una república sin poetas seduce a los que pretender gobernar: sin poetas no oficiales, se entiende, porque los oficiales adscriben, naturalmente, a la estructura del poder y se identifican con ella. La literatura oficial no es iluminadora sino funcional y su interpretación del mundo es excedida y englobada por la administración que la protege. Ese ejército impreciso de escribas mesurados le es vital al poder ya que éste pretende ser, no únicamente totalitario, sino también totalizante.
Quien ha vivido y meditado Al mundo tiende a despreciar; Quien ha sufrido, su padado Con su visión lo ha de inquietar, Cual sierpe entonces le remuerde; Mejor que nadie lo recuerde; Por no causar una decepción. Todo eso a la conversación A veces le da impor encanto. Es como Evegueni me perturbaba Con la aspereza con que hablaba. Después me acostumbré un tanto A su donaire y su arte cruel De aslpicar bromas de hiel.
[Brian is writing graffiti on the palace wall. The Centurion catches him in the act] Centurion: What's this, then? "Romanes eunt domus"? People called Romanes, they go, the house? Brian: It says, "Romans go home. " Centurion: No it doesn't ! What's the latin for "Roman"? Come on, come on ! Brian: Er, "Romanus" ! Centurion: Vocative plural of "Romanus" is? Brian: Er, er, "Romani" ! Centurion: [Writes "Romani" over Brian's graffiti] "Eunt"? What is "eunt"? Conjugate the verb, "to go" ! Brian: Er, "Ire". Er, "eo", "is", "it", "imus", "itis", "eunt". Centurion: So, "eunt" is...? Brian: Third person plural present indicative, "they go". Centurion: But, "Romans, go home" is an order. So you must use...? [He twists Brian's ear] Brian: Aaagh ! The imperative ! Centurion: Which is...? Brian: Aaaagh ! Er, er, "i" ! Centurion: How many Romans? Brian: Aaaaagh ! Plural, plural, er, "ite" ! Centurion: [Writes "ite"] "Domus"? Nominative? "Go home" is motion towards, isn't it? Brian: Dative ! [the Centurion holds a sword to his throat] Brian: Aaagh ! Not the dative, not the dative ! Er, er, accusative, "Domum" ! Centurion: But "Domus" takes the locative, which is...? Brian: Er, "Domum" ! Centurion: [Writes "Domum"] Understand? Now, write it out a hundred times. Brian: Yes sir. Thank you, sir. Hail Caesar, sir. Centurion: Hail Caesar ! And if it's not done by sunrise, I'll cut your balls off.
Monty Pyton's Life of Brian. Director: Terry Jones.
Y no fue ella y no fue nadie porque él no cree en dar pistas. Sabe demasiado. Su trabajo lo ha convertido en un interrogador sutil y más de una vez se ha enfrentado a la parajoda de alguien que dice querer escribir su vida pero que no quiere hablar de ella. Son los más. Nadie quiere hablar sobre uno mismo porque uno sabe de lo que está hablando. Entonces paga para que lo haga otro, tener la oportunidad de leerse desde afuera y, con el tiempo, creer que todo eso lo escribieron ellos y nada más que ellos; que es la versión oficial e incontestable del asunto, es verdad. Es historia.
- ¡Qué despiadada puede ser la gente! -dije, y me aproximé a Olga-. ¿Es posible que tú, una mujer, puedas ver con indiferencia el sufrimiento de este animal? En vez de mirar sus estremecimentos deberías dar órdenes para que acaben de matarlo. - También otros sufren. ¿Por qué no habría de sufrir este animal? -me respondió Olga, encogiéndose de hombros, pero sin sostener mi mirada.
La Partida
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La novela, de título *La Partida*, era la historia de unos cinco días de
Gregorio Astley, un hombre de cuarenta años, viviendo de las regalías de su
prime...