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viernes, 27 de agosto de 2010

CCCLXXXIII. Biely.

- ¡Cama... rra... das! ¡Yo, es decir, un hombre pobre, un prorrr... letario, cama... rra... das!
Retumbaron los aplausos.
- ¡Bien..., cama... rra... das! ¡Visto el terrible, es decir...! ¡Visto el terrible depotismo de este Gobierno...! ¡Entonces yo, eso es, un hombre pobre y prrr... oletario, digo! ¡A la huelga..., cama... rra... das!
Retumbaron los aplausos («¡Así se habla!», «¡Eso es!», «¡Quitadle la palabra!», «¡Es un escandalo!», «¡Está borracho!»...).
- ¡No, no estoy borracho, cama... rra... das! Y resulta que una contra esa misma burguesía, los obreros, los obreros... ¡En una palabra, echar agua bajo sus pies...! ¡Eso es la huelga...!
(Un puñetazo en la mesa: una lluvia de aplausos).

Andréi Biely - Petersburgo.

viernes, 23 de julio de 2010

CCCLIX. Biely.

No había nada que le gustara más que una avenida rectilínea. Una avenida rectilínea le recordaba el devenir del tiempo entre dos puntos concretos de una vida cualquiera; pero también otra cosa: que las ciudades rusas no era más que amasijo de casuchas de madera, a exepción hecha, claro está, de Petersburgo, que en este aspecto se diferenciaba palmariamente de todas ellas.

Andréi Biely - Petersburgo.