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martes, 8 de marzo de 2011

CDLXI. Vila-Matas.

Por eso, ahora puedo decir tranquilamente que, entre la vida y los libros, me quedo con éstos, que me ayudan a entenderla. La literatura me ha permitido siempre comprender la vida. pero precisamente por eso me deja fuera de ella. Lo digo en serio: está bien así.

Enrique Vila-Matas - El mal de Montano.

martes, 6 de julio de 2010

CCCXLVI. Vila-Matas.

No se lo tuvo en cuenta, como tampoco, salvando todas las diferencias, le guardó rencor Yeats al jovencito Joyce cuando se conocieron en la sala de fumadores de un restaurante de O`Conel Street en Dublín, y el futuro autor de Ulysses, que acababa de cumplir veinte años, le leyó al poeta de treinta y siete un conjunto de excéntricas y breves descripciones y meditaciones en prosa, bellas pero inmaduras. Había abandonado la forma métrica, le dijo el joven Joyce, con el fin de obtener una forma tan fluida que pudiera responder a las oscilaciones del espíritu.
Elogió Yeats aquel esfuerzo, pero el joven Joyce, arrogante, le dijo: «Realmente no me importa si lo que hago le gusta o no. De hecho no sé por qué le estoy leyendo esto a usted.» Y luego, dejando su libro en la mesa, comenzó a detallar sus objeciones a todo lo que Yeats habia hecho. ¿Por qué se había metido en política y, sobre todo, por qué había escrito acerca de ideas y por qué había condescendido a hacer generalizciones? Todos estas cosas, le dijo, eran señales de un enfriamiento del hierro, del desvanecimiento de la inspiración. Yeats se quedó perplejo, pero luego se reanimó el solo. Pensó: «Es de la Royal University, y cree quetodo ha sido resulto por Tomás de Aquino, no debo preocuparme. Me he encontrado con muchos como él. Probablemente reseñaría bien mi libro si lo enviara a un diario.»
Pero la autorreanimación flojeó cuando al cabo de un minuto el joven Joyce habló mal de Wilde, que era amigo de Yeats. Y al poco rato -esto último desmentido por el propio Joyce que lo enamarcaba de un «cotilleo de café» y decía que, en cualquier caso, sus palabras de despedida nunca tuvieron ese aire de despercio que se desprende de la anécdota- se puso de pie, y mientras se retiraba, dijo: «Tengo veinte años, ¿usted qué edad tiene?» Yeats le respondió quitándose un año. Con un suspiro, Joyce agregó: «Es lo que suponía. Lo he conocido demasiado tarde. Es usted demasiado viejo.»

Enrique Vila-Matas - Dublinesca
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sábado, 13 de febrero de 2010

CCLXV. Vila-Matas.

La vida es como un buen poema: corre siempre el riesgo de carecer de sentido, pero nada sería sin ese riesgo.

Enrique Vila-Matas - Desde la ciudad nerviosa.

lunes, 20 de julio de 2009

CLXXXV. Vila-Matas.

Quien afirme a la literatura en sí misma, no afirma nada. Quien la busca, sólo busca lo que se escapa, quien la encuentra, sólo encuentra lo que está aquí o, cosa peor, más allá de la literatura. Por eso, finalmente, cada libro persigue la no-literatura como la esencia de lo que quiere y quisiera apasionadamente descubrir.

Enrique Vila-Matas - Bartebly y compañía.

martes, 10 de febrero de 2009

CIV. Vila-Matas.

Conociendo a Cendrars no era un proyecto demasiado sorprendente, ya que tenía la costumbre de no escuchar las historias que le contaban y, en cambio, cazar al vuelo dos o tres palabras de esas historias para construir con ellas, mentalmente, al azar de las ficciones abiertas, relatos muy diferentes a los que, en aquel momento, le contaban.

Enrique Vila-Matas - Historia Abreviada de la Literatura Portatil.

domingo, 11 de enero de 2009

I. Links

Hoy cita ella.

Me gusta escribir por el mero hecho de escribir. Al igual que Walser, desconfío de que pueda comunicarse la angustia, encuentro a veces insuficientes y superficiales las palabras, aunque quizás sirvan precisamente para ocultar la angustia. Me gusta escribir por escribir, del mismo modo que hay viajeros que no viajan en busca de países remotos y de alicientes externos sino por el placer intrínseco del viaje.

Enrique Vila-Matas - Doctor Pasavento

martes, 25 de noviembre de 2008

LXIII. Vila-Matas

Salí de su vida como se sale de una frase.

Enrique Vila-Matas - Desde la ciudad nerviosa.

viernes, 26 de septiembre de 2008

XXVIII. Vila Matas

De hecho, me dije, las mujeres sólo quieren una cosa, que los hombres quieran acostarse con ellas. Pero si te acuestas con una mujer, ella te puede dejar jodido. Y si no quieres, ella te jode igual por no haber querido.

Enrique Vila Matas - París no se acaba nunca

martes, 12 de agosto de 2008

XII. Vila Matas

No la palmarás si con el debido karma te concentras bien en la caída, ¿me comprendes? Debes ir frenando mentalmente en el aire mediante tu descenso. Si obras así, hasta puede que llegues incluso a caer de pie, ya ves.

Enrique Vila Matas - París no se acaba nunca