Es la chispa en el viento, pero la chispa que busca el polvorín. Venero el fuego sombrío que arde en tus ojos cada vez que vuelves a tomar conciencia del daño insuperable que te han hecho, ese fuego que se exalta y se ensombrece aún más al recordar a los miserables sacerdotes que entonces trataron de acercarse a ti. Sé también que es ese mismo fuego el que tanto eleva para mí las llamas claras, y las enlaza en quimeras vivientes ante mis ojos. Y sé que el amor que ya sólo cuenta a ese extremo consigo mismo no se recupera y que mi amor por ti renace de las cenizas del sol. Por eso, cada vez que una asociación de ideas, traicionera, te devuelve a ese punto en que toda esperanza se desdijo un día para ti y, desde las alturas en que te encuentras entonces, amenaza, como flecha en busca de ala, precipitarte una vez más en el abismo, sintiendo yo mismo la vanidad de toda palabra de consuelo y teniendo por indigna cualquier tentativa de diversión, me convenzo de que sólo una fórmula mágica podría servir aquí, pero ¿qué fórmula sabría condensar en ella y devolverte al instante toda la fuerza de vivir, de vivir con toda la intensidad posible, cuando sé que esa fuerza volvió a ti tan lentamente?
André Breton - Arcane 17