Cuando uno es comisario puede pensar que ha logrado reducir la escala de la muerte a una dimensión personal. Y cuando digo muerte hablo de los que han sido asesinados. Uno puede matar a alguien accidentalmente -dijo Croce-, pero no puede asesinarlo accidentalmente. Si ayer, por ejemplo, la señora X no hubiera vuelto caminando a su casa a la noche y no hubiera doblado esa esquina, ¿podría no haber sido asesinada? Podría haber muerto, sí, pero ¿asesinada? Si la muerte no fue intencional, no fue un asesinato. Por lo tanto hace falta una decisión y un motivo. No sólo una causa, un motivo. -Se detuvo-. Por eso el crimen puro es escaso. Si no tiene motivación es enigmático: tenemos el cadáver, tenemos a los sospechosos, pero no tenemos la causa. O la causa no se corresponde con la ejecución. Éste parece ser el caso. Tenemos el muerto y tenemos un sospechoso. -Hizo una pausa-. Lo que llamamos motivación puede ser una significación inadvertida: no porque sea misteriosa sino porque la red de determinadaciones es demasiado extensa. Hay que concentrar, sintetizar, descubrir un punto fijo. Hay que aislar un dato, crear un campo cerrado o de lo contrario nunca podremos interpretar el enigma.
Ricardo Piglia - Blanco Nocturno.