(...) dio mi compañera que resultó que se llamaba Graciela, si es que no me encajó un nombre como el que yo le di: Anacleto. A mí me gusta andar con clauiqer nombre, porque los pobres no tenemos ni nombre ni apellido. Nos llaman como a los perros, de alguna manera. Nos acostumbramos y quien sabe después si es cierto que uno se llama así. Mi nombre es Dámaso Quegetta. Si usted lo dice en criollo, no; si lo dice en gringo, porque mi padre era italiano, lo mismo. De menara que me lo cambié. Y estoy por decirle que Graciela era Gertrudis.
Ezequiel Martínez Estrada - Sábado de Gloria ("Juan Florido, minervista").
.jpg)