- ¡Qué despiadada puede ser la gente! -dije, y me aproximé a Olga-. ¿Es posible que tú, una mujer, puedas ver con indiferencia el sufrimiento de este animal? En vez de mirar sus estremecimentos deberías dar órdenes para que acaben de matarlo.
- También otros sufren. ¿Por qué no habría de sufrir este animal? -me respondió Olga, encogiéndose de hombros, pero sin sostener mi mirada.
- También otros sufren. ¿Por qué no habría de sufrir este animal? -me respondió Olga, encogiéndose de hombros, pero sin sostener mi mirada.
Anton Chéjov - Un Drama de Caza.
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