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miércoles, 15 de febrero de 2012

DXV. Roth.

Franklin Delano Roosevelt, la víctima más famosa de la polio, contrajo la enfermedad cuando era un vigoroso hombre de treinta y nueve años; a partir de entonces tuvieron que sostenerle para que pudiera caminar y, aun así, debía llevar unas pesadas abrazaderas de acero y cuero desde las caderas hasta los pies sin las que no hubiera podido mantenerse erguido. La institución benéfica que Roosevelt fundó cuando estaba en la Casa Blanca, la March of Dimes, obtenía dinero para la investigación y la ayuda económica a las familias de los afectados, pues, aunque era posible una recuperación parcial o incluso total, con frecuencia esto solo ocurría al cabo de meses o años de costosa terapia y de rehabilitación en el hospital. Durante la recogida anual de fondos, los jóvenes norteamericanos donaban sus monedas de diez centavos a la escuela para ayudar a la lucha contra la enfermedad e introducían el dinero en las huchas que pasaban los acomodadores en los cines, y tanto en las paredes de tiendas y oficinas como en los pasillos de las escuelas del país entero aparecieron carteles con las frases «¡También tú puedes ayudar!» y «¡Ayuda a combatir la polio!» bajo imágenes de niños en silla de ruedas, una guapa chiquilla con abrazaderas en las piernas que se chupaba el pulgar o un niño acicalado con abrazaderas en las piernas, que sonreía heroicamente lleno de esperanza... Aquellos carteles hacían que la posibilidad de contraer la enfermedad les pareciera incluso más terriblemente real a unos niños por lo demás sanos.

Philip Roth - Némesis.

jueves, 24 de febrero de 2011

CDLVII. Roth.

Puedo pasar semanas y más semanas viviendo aterrorizado por culpa de la provlivida de esas chicas inclinadas al matrimonio a arrojarse a las vías del metro, pero no puedo, me es sencillamente imposible, no lo haré, eso de olbilgarme por contrato a dormir con una sola mujer durante el resto de mis días. Figúrese: suponga que voy y me caso con A, con sus dulces tetas, etcétera, ¿qué ocurrirá cuando aparezca B, que las tiene todavía mas dulces -o, en todo caso, más nuevas? O cuando aparezca C, que menea el culo de un modo especial, nunca por mí experimentado antes; o D, o E, o F. Estoy tratando de ser franco con usted, doctor, porque, tratándose de sexo, la imaginación humana se pone fácilmente en Z, y aún más allá. ¡Tetas y coños y piernas y labios y bocas y lenguas y ojetes del culo! ¿Cómo voy a renunciar a lo que aún no ha sido mío, dado que toda chica, por deliciosa y provocativa que alguna vez haya podido parecerme, acabará resultándome más familiar que una barra de pan, y eso no hay quien lo evite. ¿Por amor, tendría que renunciar? ¿Qué amor? ¿Es amor lo que une a todas esas parejas que conocemos, las que se toma la molestaia de unirse? ¿No será más bien la debilidad? ¿No serán mas bien la comodidad y la apatía y la culpa?

Philip Roth - El Mal de Portnoy.

viernes, 22 de octubre de 2010

CDXXIII. Roth.

A lo que quiero llegar con todo esto es que aquello era lo que Olivia había tratado de hacer: matarse con los preceptos kosher, vaciando su cuerpo de sangre. De haber tenido éxito, de haber completado expertamente la tarea con un solo y perfecto corte de la hoja, se habría convertido en kosher según la ley rabínica. La reveladora cicatriz de Olivia se debía al intento de realizar su propia matanza ritual.

Philip Roth - Indignación.

jueves, 5 de agosto de 2010

CCCLXVII. Roth.

Hemingway situó sus primeros relatos en la Península Superior de Michigan, así que su periodista cultural viaja allí y averguia los nombres de los lugareños de quienes se dice que fueron los modelos de los personajes de esos relatos. La gran sorpresa es que ellos o sus descendientes creen que Ernest Hemingway no los trató bien en su obra. Estos sentimientos, por injustificados, infantiles o absolutamente imaginarios que puedan ser, se toman más en serio que la ficción, porque a su periodista cultural le resulta más fácil hablar de ellos que de la ficción. Jamás se pone en tela de juicio la identidad del informador del periodista, sino tan solo la integridad del escritor. Este trabaja a solas durante años y años, se lo juega todo en la escritura, revisa cada frase sesenta y dos veces y, sin embargo, carece de cualquier clase de conciencia, comprensión y objeto literarios primordiales. Todo cuanto el escritor construye, meticulosamente, frase a frase y detalle a detalle, es una artimaña y una mentira. El escritor carece de motivo literario. Su interés por reprensetar la relidad es nulo. Los motivos que orientan al escritor sin simpre personales y, en general, ruines.

Philip Roth - Sale el Espectro.

viernes, 2 de octubre de 2009

CCXVI. Roth.

Entonces recordó algo que ella había escrito en sexto o séptimo curso, antes de que fuese al instituto de Morristown. A sus compañeros de clase en la escuela Montessori les hicieron diez preguntas sobre su «filosofía», una por semana. La primera semana la maestra les preguntó: «¿Por qué estamos aquí abajo?». En lugar de responder como los demás niños que estamos aquí para hacer el bien, para convertir el mundo en un lugar mejor, etcétera, Merry respondió con su propio interrogante: «¿Por qué hay monos aquí abajo?». Pero la maestra consideró inadecuada esta respuesta y le pidió que, en casa, reflexionara más seriamente sobre el particular. «Desarrolla el tema», le pidió. Merry se fue a casa, hizo lo que le pedían y al día siguiente entregó otra frase: «¿Por qué hay canguros aqui abajo?». Ésa fue la primera ocasión en que uno de sus maestros informó a Merry acerca de su «testarudez». La última pregunta formulada a la clase era «¿Qué es la vida?», y Merry respondió algo que hizo reír a sus padres aquella noche. Según la niña, mientras su compañeros se esforzaban por expresar unos pensamientos falsamente profundos, ella, tras pensar una hora en su pupitre, escribió una sola frase nada trivial: «La vida no es más que un breve periodo de tiempo durante el que una está viva».

Philip Roth - Pastoral Americana.

sábado, 21 de marzo de 2009

CXXV. Roth.

El corazón se me salía del pecho, como si hubiera estado llevando a cabo mi primera fechoría con algún cómplice de la talla del mismísimo Jean Genet: no se trataba sólo de estar actuando alevosamente; era que encima resultaba interesante. Pensar que al otro extremo de la línea había alguien haciéndose pasar por mí, mientras yo me hacía pasar por otro, me produjo una excitación tan tremenda, tan imprevista, tan carnavalesca, que ella seguramente basta para explicar el estúpido error que a continuación cometí.
- Soy Pierre Roget - Le dije, y nada más salir de mis labios tan cómodo nombre de batalla, que se me había ocurrido así, sin más, como surgido de la nada, me di cuenta de que la letras iniciales coincidían con las mías, y con las suyas, claro. Pero aún: era, convertido como por arte de magia, el nombre de un famosísimo lexicógrafo del siglo XVIII cuyo apellido, en inglés, es sinónimo de diccionario ideológico de la lengua. ¡Ni de eso me había dado cuenta! ¡Se me había ido a ocurrir el nombre de la máxima autoridad en sinónimos!

Philip Roth - Operación Shylock.

jueves, 12 de marzo de 2009

CXX. Roth.

(...) O estaba sin la suficiente capacidad imaginativa para convertir en ficción de aparente exposición de sí mismo aquello en que la existencia se había convertido.

Philip Roth - Zuckerman Encadenado.