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lunes, 29 de agosto de 2011

CDXCIII. Kafka.

LA PARTIDA.

Ordené sacar mi caballo del establo. El criado no me comprendió. Fui yo mismo al establo, ensillé el caballo y lo monté. A lo lejos oí el sonido de una trompeta, le pregunté lo que aquello significaba. Él no sabía nada, no había oído nada. En el portón me detuvo para preguntarme:
- ¿Hacia dónde cabalga señor?
- No lo sé -respondí-. Sólo quiero irme de aquí, solamente irme de aquí. Partir siempre, salir de aqui, sólo así puedo alcanzar mi meta.
- ¿Conoce, pues, su meta? -preguntó él.
- Sí -contesté yo-. Lo he dicho ya. Salir de aquí, ésa es mi meta.

Franz Kafka - La Muralla China.

viernes, 1 de abril de 2011

CDL. Cortázar.

Y después de hacer todo lo que hacen, se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se peinan, se visten, y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son.

Julio Cortázar - "Amor 77" (Un tal Lucas).

lunes, 8 de noviembre de 2010

CDXXIX. Huidobro.

Tragedia.

María Olga es una mujer encantadora. Especialmente la parte que se llama Olga.
Se casó con un mocetón grande y fornido, un poco torpe, lleno de ideas honoríficas, reglamentadas como árboles de paseo.
Pero la parte que ella casó era su parte que se llamaba María. Su parte Olga permanecía soltera y luego tomó un amante que vivía en adoración ante sus ojos.
Ella no podía comprender que su marido se enfureciera y le reprochara infidelidad. María era fiel, perfectamente fiel. ¿Qué tenía él que meterse con Olga? Ella no comprendía que él no comprendiera. María cumplía con su deber, la parte Olga adoraba a su amante.
¿Era ella culpable de tener un nombre doble y de las consecuencias que esto puede traer consigo?
Así, cuando el marido cogió el revólver, ella abrió los ojos enormes, no asustados sino llenos de asombro, por no poder entender un gesto tan absurdo.
Pero sucedió que el marido se equivocó y mató a María, a la parte suya, en vez de matar a la otra. Olga continuó viviendo en brazos de su amante, y creo que aún sigue feliz, muy feliz, sintiendo sólo que es un poco zurda.

Vicente Huidobro - Obras Completas.

sábado, 17 de abril de 2010

CCXCVI. Darío.

El nacimiento de la col.

En el paraíso terrenal, en el día luminoso en que las flores fueron creadas, y antes de que Eva fuese tentada por la serpiente, el maligno espíritu se acercó a la más linda rosa nueva en el momento en que ella tenía, a la caricia del celeste sol, la roja virginida de sus labios.
- Eres bella.
- Lo soy -dijo la rosa.
- Bella y feliz -prosiguió el diablo-. Tienes el color, la gracia y el aroma. Pero...
- ¿Pero?...
- No eres útil. ¿No miras esos altos árboles llenos de bellotas? Ésos, además de ser frondosos, dan alimento a muchedumbres de seres animados que se detienen bajo sus ramas. Rosa, ser bella es poco...
La rosa entonces -tentada como después lo sería la mujer- deseó la utilidad, de tal modo que hubo palidez en su púrpura.
Pasó el buen Dios después del alba siguiente.
- Padre -dijo aquella princesa floral, temblando en su perfumada belleza-, ¿Queréis hacerme útil?
- Sea, hija mía -contestó el Señor, sonriendo.
Y entonces vio el mundo la primera col.

Rubén Darío - Cuentos Completos.

miércoles, 7 de abril de 2010

CCLXXXIX. Vallejo.

La Violencia de las horas.

Todos han muerto.
Murió doña Antonia, la ronca, que hacía pan barato en el burgo.
Murió el cura Santiago, a quien placía le saludasen los jóvenes y las mozas, respondiéndoles a todos, indistintamente: «¡Buenos días, josé! ¡Buenos días, María!».
Murió aquella joven rubia, Carlota, dejando un hijito de meses, que luego también murió a los ochos días de la madre.
Murió mi tía Albina, que solía cantar tiempos y modos de heredad, en tato cosía en los corredores, para Isidora, la criada de oficio, la honrosísima mujer.
Murió un viejo tuerto, su nombre no recuerdo, pero dormía al sol de la mañana, sentado ante la puerta del hojalatero de la esquina.
Murió Rato, el perro de mi altura, herido de un balazo de no se sabe quién.
Murió Lucas, mi cuñando en la paz de las cinturas, de quien me acuerdo cuando llueve y no hay nadie en mi experiencia.
Murió en mi revólver mi madre, en mi puño mi hermana y mi hermano en mi víscera sangrienta, los tres ligados por un género triste de tristeza, en el mes de agosto de años sucesivos.
Murió el músico Méndez, alto y muy borracho, que solfeaba en su clarinete tocatas melancólicas, a cuyo articulado se dormían las gallinas de mi barrio, mucho antes de queel sol se fuese.
Murió mi eternidad y estoy velándola.

César Vallejo - Poesía Completa.

martes, 14 de abril de 2009

CXXXIX. Aub.

Lo maté en sueños y luego no pude hacer nada hasta que lo despaché de verdad. Sin Remedio.

Max Aub - Crímenes ejemplares.

lunes, 16 de marzo de 2009

CXXII. Bioy Casares.

RETRATO.

Conozco a una muchacha generosa y valiente, siempre resuelta a sacrificarse, a perderlo todo, aun la vida, y luego a recapacitar, a recuperar parte de lo que dio con amplitud, a exalar su ejemplo, a reprochar la flaqueza del prójimo, a cobrar hasta el último centavo.

Adolfo Bioy Casares - La invención y la trama.

martes, 3 de febrero de 2009

XCIX. Denevi.

CURRICULUM VITAE

A menudo un dictador es un revolucionario que hizo carrera. A menudo un revolucionario es un burgués que no la hizo.

Marco Denevi -

sábado, 27 de diciembre de 2008

sábado, 20 de diciembre de 2008

LXXV. Pacheco

Había una vez

Había una vez un cuento de nunca acabar que también empezaba así: Había una vez...

José Emilio Pacheco - La sangre de Meduda y otros cuentos marginales.

viernes, 5 de diciembre de 2008

LXVII. Cocteau

EL GESTO DE LA MUERTE.

Un joven jardinero persa dice a su príncipe:
- ¡Sálvame! Encontré a la Muerte esta mañana. Me hizo un gesto de amenaza. Esta noche, por milagro, quisiera estar en Ispahán.
El bondadoso príncipe le presta sus caballos. Por la tarde, el príncipe encuentra a la Muerte y le pregunta:
- Esta mañana, ¿por qué hiciste a nuestro jardinero un gesto de amenaza?
- No fue un gesto de amenaza - le responde - sino un gesto de sorpresa. Pues lo veía lejos de Ispahán esta mañana y debo tomarlo esta noche en Ispahán.

Jean Cocteau

sábado, 29 de noviembre de 2008

LXV. Brown

El Final.

El profesor Jones había trabajado en la teoría del tiempo a lo largo de muchos años.
- Y he encontrado la ecuación clave - dijo un buen día a su hija-. El tiempo es un campo. La máquina que he fabricado puede manipular, e incluso invertir, dicho campo.
Apretando un botón mientras hablaba, dijo:
- Esto hará retroceder el tiempo hará esto. - dijo, hablaba mientras botón un apretando.
- Campo dicho, invertir incluso e, manipular puede fabricado he que máquina la. Campo un es tiempo el. - Hija, su a día buen dijo-. Clave ecuación la encontrado he y.
Años muchos de largo lo a tiempo del teoría la en trabajando había Jones profesor el.

Final El.


Fredric Brown.

martes, 11 de noviembre de 2008

LV. Monterroso

EL DINOSAURIO.

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.

Augusto Monterroso - Obras Completas (Y otros cuentos).

jueves, 23 de octubre de 2008

XLVII. Torri

A CIRCE

¡Circe, diosa venerable! He seguido puntualmente tus avisos. Mas no me hice amarrar al mástil cuando divisamos la isla de las sirenas, porque iba resulto a perderme. En medio del mar silcencioso estaba la pradera fatal. Parecía un cargamento de violetas errante por las aguas.
¡Circe, noble diosa de los hermosos cabellos! Mi destino es cruel. Como iba resuelto a perderme, las sirenas no cantaron para mí.

Julio Torri - Ensayos y poemas.

domingo, 12 de octubre de 2008

XXXIX. Sabines

Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en el trabajo diario, o en las diversiones que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con la mitad del odio que guardo para mí.
Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento que estás hecha para mí, que de algún modo me lo dicen tus rodillas y tu vientre, que mis manos me convencen de ello, y que no hay otro lugar en donde yo me venga, a donde yo vaya, mejor que tu cuerpo. Tú vienes toda entera a mi encuentro, y los dos desaparecemos un instante, nos metemos en la boca de Dios, hasta que yo te digo que tengo hambre o sueño.
Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay días también, hay horas, en que no te conozco, en que me eres ajena como la mujer de otro. Me preocupan los hombres, me preocupo yo, me distraen mis penas. Es probable que no piense en ti mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién podría quererte menos que yo, amor mío?


Jaime Sabines - Diario Semanario y poemas en prosa.

XXXVIII. Cabrera Infante

Salió por la puerta y de mi vida, llevándose con ella mi amor y su larga cabellera negra.

Guillermo Cabrera Infante - Exorcismos de esti(l)o.