Llovía sin apuro, así que se sabía que al menos iba a seguir lo que quedaba de la tarde, y más. No voy a decir que llovió una semana, pero sí que ése fue el tiempo que el sol estuvo sin salir. Y cuando lo hizo, fue para darle más nitidez a la creciente, que ya había llegado de todsas partes. La creciente de arriba, la que llega con los grandes chaparrones, es bulliciosa y llena rápido la zanja que se desagota casi a la misma velocidad. La zanja recoge el agua de las cunetas de toda la zona. La creciente de abajo es mucho más lenta y callada, deja especular a la gente sobre su real alcane e incluso se tiene la sensación de que unas cuantas bolsas de arena pueden detenerla. A lo suma está el ruido de la noche, cuando un coro de ranas indica que el río planea pasar una temporadita en nuestros patios. Otro ruido puede ser ajetreo de los camiones de la municipalidad los días pervios, sacando gente de aquí y de allá. O de los autos los dominog,s cuando cambian la vuelta en la plaza por ver un poco de agua fuera de lugar.
Damián Ríos - Entrerrianos.
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