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sábado, 18 de julio de 2009

CLXXXIV. Ortiz.

TODOS AQUÍ...

Todos aquí para mirar arder y consumirse este fuego.
¿Fuego sólo?
¿No es un corazón apasionado que se ilumina en los cielos?
La pasión de la luz antigua abriéndose en flores encendidas para
___________________________[ mirarse en el espejo humano.
El corazón dice: criaturas terrestres, la vida es gloriosa,
alzáos hasta el fuego armonioso como hasta la sangre del éxtasis
para que todas seáis como simientes ardiendo
para las cosechas sucesivas de la luz común que encenderá hasta la
_____________________[ sombra y la estrellará como un jardín.

Juan L. Ortiz - El alamo y el viento.

lunes, 13 de abril de 2009

CXXXVIII. Ortiz.

FUI AL RÍO...

Fuí al río, y lo sentía
cerca de mí, enfrente de mí.
Las remas tenía voces
que no llegaban hasta mí.
La corriente decía
cosas que no entendería.
Me angustiaba casi.
Quería comprenderlo,
sentir qué decía el cielo vago y pálido en él
con sus primeras sílabas alargadas,
pero no podía.

Regresaba.
- ¿Era yo el que regresaba? -
en la angustia vaga
de sentir solo entre las cosas últimas y secretas.

De pronto sentí el río en mí,
corría en mí
con sus orillas trémulas de señas,
con sus hondos reflejos apenas estrellados.
Corría el río en mí con sus ramajes.
Era yo un río en el anochecer,
y suspiraban en mí los árboles,
y el sendero y las hierbas se apagaban en mí.
¡Me atravesaba un río, me atravesaba un río!

Juan L. Ortiz - El ángel inclinado.