Llevaba una Leika en bandolera y se moría por entrar en liza. Al igual que un perro de caza husmea en pleno campo el olor a conejo guisado (un especialista amigo mío me había asegurado que el perro no puede imaginarse al conejo bajo otro aspecto, de ahí su afinidad con este animal y la obligación que se crea de acomodar la realidad a la consecución de este concepto previo).
Boris Vian - Que se mueran los feos.
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